domingo, 27 de mayo de 2012

¡Qué viva la teta!


Hace varias semanas la revista Time tuvo como portada una foto de un niño trepado en una silla lactando del seno de su madre. El titular de la portada era:  Are you mom enough? El tema de la lactancia y la crianza de apego está de moda. En particular porque muchas mujeres jóvenes que se convierten en madres deciden hacer lo que humanamente les toca, lactar a sus hijos.

Me cuesta entender como algo tan natural sigue siendo tan criticado. No entiendo cuál es el show de la gente cuando una madre se saca la teta a lactar a su hijo. ¿Por qué no ponen cara de espanto cuando las ven sacando botellas de fórmula? ¿Por qué no juzgan tan duramente cuando ven madres alimentado a sus hijos con el veneno de los fast foods?

Aunque no estoy totalmente de acuerdo con como se presentó la lactancia en la portada de la revista –pues me parece que promueve la burla y la crítica ignorante—no veo cuál es el problema de que una madre lacte a su hijo hasta que le de la gana. Eso de que los niños que son lactados mucho tiempo después tienen algún tipo de trauma sicológico no lo compro. La lactancia es lo más natural que existe y este tipo de portadas y persecución es una de las cosas que frustra a las madres lactantes. Para un niño la teta es comida. La mala no es la madre que alimenta a su hijo donde lo pide. Malos son los asquerosos que se excitan por ver una simple teta. Malas son las mujeres que critican a otras por lactar. 

lunes, 23 de abril de 2012

La belleza de decidir

Haciendo mi navegación de rutina, encontré un artículo en la revista Newsweek que quisiera compartir. http://www.thedailybeast.com/articles/2012/04/23/elisabeth-badinter-s-the-conflict-does-modern-motherhood-undermine-women.html

Creo que uno de los mayores choques culturales que he tenido desde que quedé embarazada es la idealización de la maternidad. De que el embarazo es lo más bello que hay, que no hay nada más grande que ser madre. Respeto a las que opinan así. Aunque pienso que la maternidad es una gran experiencia, confieso que ese no fue, es y será mi pensar. Y por eso, en parte, estoy de acuerdo con algunos de los postulados de esta feminista.

La realidad es que sí, es cierto, los estándares de la maternidad moderna se remontan un poco a las expectativas de la década de los cincuenta. Sí, es cierto, la lactancia esclaviza, el preparar alimentos en la casa demanda tiempo y todos los días las madres que trabajamos luchamos para mantener un balance entre nuestra individualidad y las necesidades de nuestros pequeños.

Sin embargo, no me arrepiento ni un minuto de lactar a mi hijo por un año, de pelar viandas y darle el mejor alimento. Y no porque quisiera llenar las expectativas de la maternidad moderna, sino porque reconozco que las comidas para bebés que venden en los colmados es basura llena de colorantes y sabores artificiales. Lacté porque igual pienso que la fórmula es veneno (aunque respeto a las madres que deciden otros métodos de alimentación).

Creo que jamás preferiría quedarme en casa y no trabajar para quedarme con el niño. De veras que valoro mi independencia laboral, además para algo estudié. No creo que eso me haga mala madre. Confieso sin miedo que a veces me gustaría que mi vida fuera menos complicada, tener tiempo para pintarme las uñas de los pies con calma y no tener que estar tres semanas para coordinar una cita para teñirme el cabello. Me fascinaría volver a vivir con espontaneidad, sin tener que planificar cada salida con una semana de anticipación. Y, ¿saben qué? Creo que la madre que diga que nunca se ha sentido así es una mentirosa. No creo que mis sentimientos me hagan ser una madre desapegada. Nadie puede juzgar mi compromiso con ese gordo, pero los primeros años del desarrollo de un niño implican la pérdida de identidad de la madre. Es la realidad. Y eso, para una persona que siempre ha valorado su independencia, es un gran reto.

Algunas de las ideas expresadas en el libro de Elisabeth Badinter me parecen un poco fuera de la realidad. Creo que cada madre crea su libro. Y creo que lo mejor que tiene el feminismo es la libertad para escoger. Para decidir si queremos lactar, si queremos pelar viandas, si queremos trabajar o quedarnos en casa, si queremos parir o abortar. ¿Qué creen ustedes?

martes, 28 de febrero de 2012

Disney in reality

Hace varias semanas se dio en Facebook una conversación interesante. Una niña de menos de tres años había recibido regalos de las Princesas de Disney. Su argumento era simple, quería que su hija no creciera con las falsas expectativas de vida que promueven las princesas. A mi juicio, una preocupación muy válida. Sin embargo, la mayor parte de las personas que comentaron, decían que la dejara ser niña y que tendría tiempo en la adultez para darse cuenta de cómo era la realidad. Por un momento, quise decirles a todas esas mujeres que la preocupación de esa madre era genuina, que en la niñez es que se forman las expectativas de vida que tendremos de adultos. Y, ¿cuáles son las expectativas que promueven las princesas? Una vida de lujos en la que tu única misión es esperar al príncipe azul y servirle como esposa abnegada. Las princesas son delicadas, femeninas, sumisas e inútiles. Ninguna sobreviviría en situaciones extremas.
Lanzo esta pregunta al aire. ¿Cuántas mujeres que conocemos no se aferran a una visión de vida Disney y se sienten desilusionadas cuando les azota la dura realidad? ¿No debemos preparar a nuestras niñas para la realidad? ¿No debemos formarlas en seres humanos funcionales? Ojo, no es que los niños no tengan ilusiones, pero esas ilusiones tienen que venir acompañadas de enseñanzas, de herramientas para enfrentar la vida, de aprender a labrarse un futuro independiente tomando en cuenta las limitaciones de cualquier tipo (financieras, sociales, etc). Entonces sí, que las pequeñas jueguen con lo que más le guste, pero es nuestra responsabilidad como padres trazar la frontera entre la ficción y la realidad.