martes, 28 de febrero de 2012

Disney in reality

Hace varias semanas se dio en Facebook una conversación interesante. Una niña de menos de tres años había recibido regalos de las Princesas de Disney. Su argumento era simple, quería que su hija no creciera con las falsas expectativas de vida que promueven las princesas. A mi juicio, una preocupación muy válida. Sin embargo, la mayor parte de las personas que comentaron, decían que la dejara ser niña y que tendría tiempo en la adultez para darse cuenta de cómo era la realidad. Por un momento, quise decirles a todas esas mujeres que la preocupación de esa madre era genuina, que en la niñez es que se forman las expectativas de vida que tendremos de adultos. Y, ¿cuáles son las expectativas que promueven las princesas? Una vida de lujos en la que tu única misión es esperar al príncipe azul y servirle como esposa abnegada. Las princesas son delicadas, femeninas, sumisas e inútiles. Ninguna sobreviviría en situaciones extremas.
Lanzo esta pregunta al aire. ¿Cuántas mujeres que conocemos no se aferran a una visión de vida Disney y se sienten desilusionadas cuando les azota la dura realidad? ¿No debemos preparar a nuestras niñas para la realidad? ¿No debemos formarlas en seres humanos funcionales? Ojo, no es que los niños no tengan ilusiones, pero esas ilusiones tienen que venir acompañadas de enseñanzas, de herramientas para enfrentar la vida, de aprender a labrarse un futuro independiente tomando en cuenta las limitaciones de cualquier tipo (financieras, sociales, etc). Entonces sí, que las pequeñas jueguen con lo que más le guste, pero es nuestra responsabilidad como padres trazar la frontera entre la ficción y la realidad.