Haciendo mi navegación de rutina, encontré un artículo en la revista Newsweek que quisiera compartir. http://www.thedailybeast.com/articles/2012/04/23/elisabeth-badinter-s-the-conflict-does-modern-motherhood-undermine-women.html
Creo que uno de los mayores choques culturales que he tenido desde que quedé embarazada es la idealización de la maternidad. De que el embarazo es lo más bello que hay, que no hay nada más grande que ser madre. Respeto a las que opinan así. Aunque pienso que la maternidad es una gran experiencia, confieso que ese no fue, es y será mi pensar. Y por eso, en parte, estoy de acuerdo con algunos de los postulados de esta feminista.
La realidad es que sí, es cierto, los estándares de la maternidad moderna se remontan un poco a las expectativas de la década de los cincuenta. Sí, es cierto, la lactancia esclaviza, el preparar alimentos en la casa demanda tiempo y todos los días las madres que trabajamos luchamos para mantener un balance entre nuestra individualidad y las necesidades de nuestros pequeños.
Sin embargo, no me arrepiento ni un minuto de lactar a mi hijo por un año, de pelar viandas y darle el mejor alimento. Y no porque quisiera llenar las expectativas de la maternidad moderna, sino porque reconozco que las comidas para bebés que venden en los colmados es basura llena de colorantes y sabores artificiales. Lacté porque igual pienso que la fórmula es veneno (aunque respeto a las madres que deciden otros métodos de alimentación).
Creo que jamás preferiría quedarme en casa y no trabajar para quedarme con el niño. De veras que valoro mi independencia laboral, además para algo estudié. No creo que eso me haga mala madre. Confieso sin miedo que a veces me gustaría que mi vida fuera menos complicada, tener tiempo para pintarme las uñas de los pies con calma y no tener que estar tres semanas para coordinar una cita para teñirme el cabello. Me fascinaría volver a vivir con espontaneidad, sin tener que planificar cada salida con una semana de anticipación. Y, ¿saben qué? Creo que la madre que diga que nunca se ha sentido así es una mentirosa. No creo que mis sentimientos me hagan ser una madre desapegada. Nadie puede juzgar mi compromiso con ese gordo, pero los primeros años del desarrollo de un niño implican la pérdida de identidad de la madre. Es la realidad. Y eso, para una persona que siempre ha valorado su independencia, es un gran reto.
Algunas de las ideas expresadas en el libro de Elisabeth Badinter me parecen un poco fuera de la realidad. Creo que cada madre crea su libro. Y creo que lo mejor que tiene el feminismo es la libertad para escoger. Para decidir si queremos lactar, si queremos pelar viandas, si queremos trabajar o quedarnos en casa, si queremos parir o abortar. ¿Qué creen ustedes?