No me importa, ni me interesa que sea normal. Normal es aburrido. Mi plan es que sea un niño de bien, un adulto que se dedique a convivir en paz con su prójimo, que no sea homofóbico, ni racista, ni machista.
jueves, 22 de agosto de 2013
Impedido
No me importa, ni me interesa que sea normal. Normal es aburrido. Mi plan es que sea un niño de bien, un adulto que se dedique a convivir en paz con su prójimo, que no sea homofóbico, ni racista, ni machista.
martes, 30 de abril de 2013
El disfraz del machismo
He ido construyendo mi vida apartándome de esas
condiciones. Cuando quedé embarazada y supe que tendría un varón, mi primera
preocupación fue como iba a criarlo fuera de esas estructuras que la sociedad
tanto promulga como correctas. Y esto no solo era pensar en no comprarle
juguetes sexistas o ponerle ropa rosada, era imaginar los ejemplos que vería,
las conductas que tenemos sin darnos cuenta. Pensé que nuestro ejemplo sería
suficiente. Pero no, el ejemplo tendrá que venir acompañado de teoría, pues no
todos en su familia comparten – o entienden – lo que es la equidad de los géneros.
sábado, 9 de febrero de 2013
Más de los casi 30
1. Bye-bye bikini, welcome tankinis
Sí, soy una hater de aquellas que quedaron con el cuerpo intacto luego de parir. Ese no es mi caso, mi hijo pesó casi nueve libras y midió 21.5 pulgadas, así que destrozó mi abdomen por siempre. No importa cuanto ejercicio haga (que no hago y ¿qué pasó?) las estrías y la piel de viejita no se va a ir. Así que he comenzado mi colección de sexy tankinis y trajes de baño de una pieza.
jueves, 24 de enero de 2013
Nuevo año. Nuevo nombre. Nueva década.
Así que, conmemorando que ya dos de mis mejores amigas cruzaron el charco, he decidido cambiar el nombre de este blog y dedicarlo a temas variados. Desde locuras que veo en la Internet, la vida diaria y la crianza de mi hijo.
Voy a comenzar el cambio de look del blog para hablar de las cosas que jamás hubiese hecho en los veinte y que hago ahora, en la víspera de mis treinta:
1. Limpio caca de un potty. Como muchos saben, estoy entrenando a mi hijo para ir al baño, así que la nueva misión de las mañanas y las tardes es limpiar el potty de caca y pipi. En los veinte, quizás estaría limpiando vómito de la tapa del baño luego de sobrevivir la borrachera del jangueo.
2. Uso faja. Mi cuerpo de los veinte no exigía recoger el resultado de un bebé o de las 10 libritas que se aumentan por década. Ahora mi inseparable amiga cuando visto traje es la faja. Sí, quisiera ser de aquellas que tienen un cuerpo que con traje ni se ponen panties, pero no. Uso faja y ¿qué paso?
3. Tengo un trabajo de oficina con responsabilidades. En los veinte quizás desaproveché la oportunidad de parecer profesional en algunas cosas. Sin embargo, la madurez luego de los 25 me ayudó a resaltar en el mundo corporativo. Kudos to me!
4. Tengo más playdates que actual dates. Parte de la maternidad es cambiar el jangueo en el pub por el jangueo en el parque o en las casas. Ahora mi novio y yo tenemos dates de cerveza en casa o partiseo en marquesinas de nuestras amistades más cercanas.
5. Uso una crema de ojos para el día y una para la noche. En mis veinte, el mismo humectante y la misma crema de ojos eran suficientes para la juventud de mi piel. Su nueva realidad de líneas en los ojos exige un tratamiento para reducirlas. Triste realidad.
6. Cuando bailo Vico C pienso en que soy como mi mamá cuando se emocionaba al escuchar Chicago. Para todos aquellos que crecimos en los noventa, Vico C era como lo más cool y nuevo ever. Welcome to reality, Saboréalo fue 20 años atrás.
7. Borrachera de noche, acidez de día. Recuerdo los días en que emborracharme se curaba con una chonqueadita y vivía feliz al próximo día. Ahora el hangover de un jangueo me dura día y medio. #foreverold
domingo, 27 de mayo de 2012
¡Qué viva la teta!
lunes, 23 de abril de 2012
La belleza de decidir
Haciendo mi navegación de rutina, encontré un artículo en la revista Newsweek que quisiera compartir. http://www.thedailybeast.com/articles/2012/04/23/elisabeth-badinter-s-the-conflict-does-modern-motherhood-undermine-women.html
Creo que uno de los mayores choques culturales que he tenido desde que quedé embarazada es la idealización de la maternidad. De que el embarazo es lo más bello que hay, que no hay nada más grande que ser madre. Respeto a las que opinan así. Aunque pienso que la maternidad es una gran experiencia, confieso que ese no fue, es y será mi pensar. Y por eso, en parte, estoy de acuerdo con algunos de los postulados de esta feminista.
La realidad es que sí, es cierto, los estándares de la maternidad moderna se remontan un poco a las expectativas de la década de los cincuenta. Sí, es cierto, la lactancia esclaviza, el preparar alimentos en la casa demanda tiempo y todos los días las madres que trabajamos luchamos para mantener un balance entre nuestra individualidad y las necesidades de nuestros pequeños.
Sin embargo, no me arrepiento ni un minuto de lactar a mi hijo por un año, de pelar viandas y darle el mejor alimento. Y no porque quisiera llenar las expectativas de la maternidad moderna, sino porque reconozco que las comidas para bebés que venden en los colmados es basura llena de colorantes y sabores artificiales. Lacté porque igual pienso que la fórmula es veneno (aunque respeto a las madres que deciden otros métodos de alimentación).
Creo que jamás preferiría quedarme en casa y no trabajar para quedarme con el niño. De veras que valoro mi independencia laboral, además para algo estudié. No creo que eso me haga mala madre. Confieso sin miedo que a veces me gustaría que mi vida fuera menos complicada, tener tiempo para pintarme las uñas de los pies con calma y no tener que estar tres semanas para coordinar una cita para teñirme el cabello. Me fascinaría volver a vivir con espontaneidad, sin tener que planificar cada salida con una semana de anticipación. Y, ¿saben qué? Creo que la madre que diga que nunca se ha sentido así es una mentirosa. No creo que mis sentimientos me hagan ser una madre desapegada. Nadie puede juzgar mi compromiso con ese gordo, pero los primeros años del desarrollo de un niño implican la pérdida de identidad de la madre. Es la realidad. Y eso, para una persona que siempre ha valorado su independencia, es un gran reto.
Algunas de las ideas expresadas en el libro de Elisabeth Badinter me parecen un poco fuera de la realidad. Creo que cada madre crea su libro. Y creo que lo mejor que tiene el feminismo es la libertad para escoger. Para decidir si queremos lactar, si queremos pelar viandas, si queremos trabajar o quedarnos en casa, si queremos parir o abortar. ¿Qué creen ustedes?
martes, 28 de febrero de 2012
Disney in reality
Lanzo esta pregunta al aire. ¿Cuántas mujeres que conocemos no se aferran a una visión de vida Disney y se sienten desilusionadas cuando les azota la dura realidad? ¿No debemos preparar a nuestras niñas para la realidad? ¿No debemos formarlas en seres humanos funcionales? Ojo, no es que los niños no tengan ilusiones, pero esas ilusiones tienen que venir acompañadas de enseñanzas, de herramientas para enfrentar la vida, de aprender a labrarse un futuro independiente tomando en cuenta las limitaciones de cualquier tipo (financieras, sociales, etc). Entonces sí, que las pequeñas jueguen con lo que más le guste, pero es nuestra responsabilidad como padres trazar la frontera entre la ficción y la realidad.









