O sea, ¿cuál es el problema con expresar las emociones? (Excepto que sea maniaco depresivo.) Aunque, como dice mi novio, eso ya no se escucha tanto, la realidad es que más de una generación de varones creció pensando que llorar era pecado, que era cosa ¨de nenas¨. Los niños sentimentales eran considerados débiles o gay, y aprendieron a suprimir cualquier emoción.
Primero: llorar es saludable. Los lagrimales tienen que limpiarse de alguna forma.
Segundo: la sensación de liberación después de llorar no tiene precio.
Suprimir las emociones no es para nada saludable. ¿Para qué queremos otro inepto emocional en este país; otro insensible que, por no atreverse a expresarse, termine maltratando a una mujer?
No voy a mentir, yo soy la primera que no es fanática del llanto. Pero, si es necesario, que venga, no importa el género.
Así que propongo una nueva consigna: ¨Llorar es saludable¨. (Nuevamente, no en exceso)
Sin embargo, la expresión de emociones no se limita a llorar. También incluye hablar con tranquilidad de las situaciones que nos frustran. Nuevamente, muchos hombres se sienten intimidados al momento de hablar de sus emociones pues piensan que reconocerlas es una señal de debilidad. Es por esto que existe otra generación de impedidos emocionales que a falta de palabras, utilizan el puño para desahogarse. Propongo la consigna número dos: ¨Hablar es saludable¨.
Espero que tengamos la capacidad de enseñarle a nuestro hijo estas dos premisas. Nuevamente, sé que el ejemplo es fundamental, así que tenemos que mostrarle que en la casa no hay temas tabú. Somos conscientes de que en la escuela el juego será diferente que, si llora, los niños y las niñas se burlarán de él. Ésto significa que también tendremos que darle herramientas para defenderse de los otros menores que no tengan la suerte de crecer en un hogar abierto (como esperamos que sea el nuestro).
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