miércoles, 28 de agosto de 2013

Flexiona hacia arriba

Hoy vi algo que casi me saca las lágrimas. Luego de que le removieran el yeso ayer, mi hijo flexionó hacia arriba su pie derecho. (Añadir tono de emoción con baile y música).

Para ser honesta, no creí que el yeso iba a mejorar tanto la elasticidad de su pie. Sin embargo, se siente casi tan relajado como el pie izquierdo. Hoy no tenía ningún equipo y caminó casi completamente con el pie abajo. Son logros pequeños, pero alegran mi día. Me hacen sentir que lo estamos haciendo bien, que lo estamos ayudando.

Bien deprimido con el yeso
¡Mi hijo flexionó el pie!

Cuando la terapista le explicó lo que tenía que hacer, rápido lo ejecutó con el pie izquierdo. El turno del derecho requirió ánimo. Cuando Mayra le pidió que lo hiciera dijo: “No puede, no quiere subir”. Como diciendo que el pie no quería seguir su instrucción. Lo dijo en un tono de changuería bañada de duda. Imagino que en su mente no entendía por que un pie lo hacía sin pensarlo y el otro no.

Lo miré y le dije (cuál porrista o motivadora): “Claro que puede. Dile que lo haga”. Y lo hizo. Quizás en su cerebro le dijo: “Es verdad, puedes hacerlo. Te doy la instrucción. Hazlo”.

¡Santi flexionó el pie! No me canso de decirlo. Ha sido uno de los momentos más maravillosos de su desarrollo.


Y creo que ahí está la lección (sip, me puse reflexiva). Muchas veces me pongo –nos ponemos– trabas mentales. Porque siento que no puedo, porque no me digo que puedo. Así que, de ahora en adelante, me diré que sí puedo. Puedo flexionar hacia arriba. Puedo hacer más de lo que hago. Puedo ser más (y mejor) de lo que soy.

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