miércoles, 25 de junio de 2014

Remember who the real enemy is

Cada día estoy más convencida de que Puerto Rico es un experimento social. En algún momento nuestros colonizadores decidieron que esta isla caribeña iba a ser un laboratorio en el cual mezclarían todo tipo de espécimen. Es como único puedo racionalizar las reacciones de los boricuas a ciertos sucesos. En particular los paros y la solidaridad (o falta de ella) con el movimiento obrero.

Lo confieso, me carcome las entrañas cuando Facebook me muestra el verdadero rostro político de mis amigos. A veces, quisiera que Mark Zuckeberg no existiera para que su inventito no me hiciera sentirme decepcionada de muchos de ellos (quizás ellos piensan igual de mi). Muchas de sus opiniones me confirman que el puertorriqueño no tiene memoria histórica, no conoce su historia, no conoce sus luchas. Por esto es incapaz de reconocer quien es el verdadero enemigo (por llamarlo de alguna forma) del pueblo. Quién es el causante del desastre financiero que vive el país y quién debe tomar los pasos para arreglarlo.

En las últimas semanas he repetido la frase del ilustre Haymitch de Hunger Games más veces de las que quisiera. "Remember who the real enemy is", le dijo a Katniss antes de que esta partiera para sus segundos juegos. Ella, envuelta en su deseo por proteger a su familia y mantener a Peeta vivo, olvidaba quién era el verdadero causante de su desgracia: President Snow y el gobierno de Panem. 



Los puertorriqueños olvidan quien es el verdadero enemigo. Nuestro President Snow es la Palva, ese híbrido que son el PNP y el PPD. Ese monstruo que cientos de miles de electores apoyan cada cuatro años.  El enemigo no son las uniones. No son los empleados del gobierno. Esta no debe ser una lucha entre los empleados gubernamentales y los privados. Pero como la Palva sabe que si divides vencerás, nos dejan locos mientras ellos hacen y deshacen.

Claro que, los unionados no ayudan. Recuerdo que noté esto desde que participé en la huelga de la UPR del 2005. Es increíble que personas con tanto conocimiento político y social sean TAN malos en la comunicación. Les guste o no les guste la percepción pública lo es todo. Si te comunicas todo el tiempo con el discurso ochentoso de la Guerra Fría esta generación te va a ignorar. ¿Cuándo van a entender esto?

Esta generación de trabajadores está acostumbrada a perder derechos, así que no les pidas que se unan a tu lucha por más días de vacaciones cuando muchos de ellos no tienen ni permanencia en sus empleos. Ni pienses que se van a identificar con tu reclamo de aumento salarial porque muchos de ellos no saben lo que es hace más de cinco años. 

Sean un poquito más savvy y motívenlos con lo que les duele, la falta de empleo, la migración de sus amigos, los aumentos en agua y luz. Aunque suene Corporate America, me importa más lo que pago de luz que los días de vacaciones de los empleados de la AEE (lo sé, soy egoísta).

Sin embargo, si esos líderes sindicales me dicen que vamos a paralizar el Túnel Minillas para que el gobierno haga bien su trabajo, devuelva a mis amigas y le ofrezca prosperidad a mi hijo, soy la primera que va y cierra el dichoso túnel. 

Así que, líderes obreros, identifiquen aquellas cosas que tenemos en común: 
  • que somos trabajadores
  • que pagamos demasiado de agua y luz
  • que estamos hartos de los aumentos
  • que exigimos la creación de empleos profesionales
  • que solicitamos se corte la obesidad mórbida de muchas agencias (I'm looking at you Departamento de Educación)

Usen esos puntos de convergencia y explótenlos para que el pueblo los apoye. Mientras todo el argumento sea vacaciones, plan y aumentos, los veo bien solos y masacrados en las redes sociales.

Mientras no se ajusten a esa realidad, la Palva los convertirá a ustedes en el enemigo y los boricuas --tan envueltos en su día a día-- jamás podrán reconocer quién es el verdadero enemigo. 

miércoles, 19 de marzo de 2014

Género, acoso y la era de las redes.

Las redes sociales son la changa. ¡Uno se entera de tantas cosas! ¡Puede quejarse de tantas cosas! ¡Puede educar de tantas cosas! Hoy es uno de esos días donde me pasaron las 3 cosas. Gracias a unas amigas de Facebook descubrí la foto de un anuncio sexista que promueve una compañía de chicles. 


Para los que no lo han visto, este es el anuncio: 




Tan pronto lo vi, respondí al llamado de una de las compas y fui a la página de esta gente a exigirles que removieran la publicidad. Inmediatamente, incité a mis amigas a hacer lo mismo. No se lo pedí a ningún varón (explico por qué ya mismito). Pero un varón, valientemente, me preguntó que si el estaba mal porque el anuncio no lo ofendía. 

No me sorprendió. No porque esperara eso de él, sino porque fue lo mismo que pensé cuando lo vi: muchas personas no van a entender porque esto es ofensivo; muchas vamos a recibir críticas de feministas quema brasier. 

Demasiadas personas en Puerto Rico, y en muchas partes del mundo, no comprenden que no hay lenguaje inocente, en particular cuando hablamos de género. No hay nada más desagradable que caminar por la calle y que un hombre sienta el derecho de tocar su bocina y  gritarte "mamota" (como hacía mi abuelo) o decirte otro tipo de piropo "alabando" tu figura femenina. Esto, además de cafre, es bien ofensivo. No me interesan los piropos sexistas de macharranes que no me conocen. No me interesa que se sientan con la libertad de rozarme o de mirarme con ojos lascivos. No tengo interés de que se masturben mientras me miran dormir (como me pasó en un ferry hacia Grecia hace unos años atrás). No deseo que ningún hombre me ofrezca su falda. 

Si el currículo escolar de nuestro sistema incluyera cursos sobre género, no habría que explicar estas cosas. No tendríamos que hacer un ensayo para explicar como los piropos callejeros me ponen nerviosa y me hacen temer por mi seguridad. ¿Por qué? Si un hombre no tiene ningún tipo de respeto al hablarme (son conocerme) no quiero pensar en qué podría hacerme en contra de mi voluntad. ¿Exagerado? Quizás, pero la sociedad le otorga demasiados derechos a los hombres sobre las mujeres. Quizás entiende que porque lo ignoro, no le estoy diciendo que no y le abro la puerta a que me diga más, a que se acerque. 

Les invito a ver este corto para ver si ilustra un poco más mi punto. 



Algunas estadísticas sobre la violencia sexual contra la mujer en Puerto Rico 
(tomado de http://aldia.microjuris.com/2014/03/19/asociaciones-de-derecho-upr-repudian-campana-publicitaria-de-dentyne/):

Vivimos en un país donde cada año, ocurren unas 2,000 agresiones sexuales. 
En el 2012 solamente, hubo 9,948 incidentes de violencia doméstica; 
sin contar los incidentes que no se reportan. 

Algunas estadísticas sobre la violencia sexual contra la mujer en el mundo:




Otra joyita de la campaña:


Verifiquen algunas cositas extra de la campaña: 
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10152145422564420.1073741830.35691739419&type=3

miércoles, 28 de agosto de 2013

Flexiona hacia arriba

Hoy vi algo que casi me saca las lágrimas. Luego de que le removieran el yeso ayer, mi hijo flexionó hacia arriba su pie derecho. (Añadir tono de emoción con baile y música).

Para ser honesta, no creí que el yeso iba a mejorar tanto la elasticidad de su pie. Sin embargo, se siente casi tan relajado como el pie izquierdo. Hoy no tenía ningún equipo y caminó casi completamente con el pie abajo. Son logros pequeños, pero alegran mi día. Me hacen sentir que lo estamos haciendo bien, que lo estamos ayudando.

Bien deprimido con el yeso
¡Mi hijo flexionó el pie!

Cuando la terapista le explicó lo que tenía que hacer, rápido lo ejecutó con el pie izquierdo. El turno del derecho requirió ánimo. Cuando Mayra le pidió que lo hiciera dijo: “No puede, no quiere subir”. Como diciendo que el pie no quería seguir su instrucción. Lo dijo en un tono de changuería bañada de duda. Imagino que en su mente no entendía por que un pie lo hacía sin pensarlo y el otro no.

Lo miré y le dije (cuál porrista o motivadora): “Claro que puede. Dile que lo haga”. Y lo hizo. Quizás en su cerebro le dijo: “Es verdad, puedes hacerlo. Te doy la instrucción. Hazlo”.

¡Santi flexionó el pie! No me canso de decirlo. Ha sido uno de los momentos más maravillosos de su desarrollo.


Y creo que ahí está la lección (sip, me puse reflexiva). Muchas veces me pongo –nos ponemos– trabas mentales. Porque siento que no puedo, porque no me digo que puedo. Así que, de ahora en adelante, me diré que sí puedo. Puedo flexionar hacia arriba. Puedo hacer más de lo que hago. Puedo ser más (y mejor) de lo que soy.

jueves, 22 de agosto de 2013

Impedido



Llevo días pensando en escribir este post. Dos semanas para ser precisa. Si lo analizo cuidadosamente, quizás tres años.

Nunca —excepto por mis descargas contra los planes médicos— he escrito nada sobre la condición de Santiago en ningún foro público o social. No me gusta usar Facebook, Twitter o mi blog para promulgar mis situaciones personales, buenas o malas. Quienes saben de su condición son personas cercanas, algunos de mis compañeros de trabajo y, claro está, sus médicos.

Santiago tiene hemiparesia derecha. Según me explicó su neuróloga, las mujeres hipercoagulamos en el embarazo. En algún momento durante la gestación le pasé un coágulo de sangre que le causó un derrame menor en la materia blanca del lado izquierdo de su cerebro. La materia blanca regula el movimiento motor. Como el derrame fue en el lado siniestro, su impedimento se refleja en diestro.

Sí, IMPEDIMENTO. Digiéranlo, procésenlo y acéptenlo. Santiago García Fraguada El Bebé Súper Héroe Super Why y Turbo (autodenominación de su creación) tiene impedimento para trabajar con su lado derecho.

Por ende, es IMPEDIDO. Relee, procesa, acepta. No hay nada malo con la palabra. Es como negro, homosexual, latino y soltera. Solo son etiquetas de la sociedad.

Sin embargo, a muchas personas les da trabajo decirla, y mucho más aceptarla. Ven a tu niño con un yeso –colocado hace dos semanas para ayudarle a controlar su incontrolable impulso de tener el pie en punta— y te dicen “Ay, me da pena” “¿Qué le pasó?”.

Le dices a la gente “es impedido” y se espantan, se ofenden y te piden que no digas que es impedido. Que no lo es. ¿En serio? Una negación que tan siquiera sus padres tenemos.

Hablas con la gente honestamente de como te sientes con la situación. Haces chistes morbo para bregar con las frustraciones del plan, las cuatro terapias semanales y la carga económica que implica tener un niño con “necesidades especiales” y te miran como si fueras la peor madre del mundo. Como si fuéramos los padres más crueles de la vida. Al parecer sería mejor que me sentara a llorar por las esquinas, maldiciendo su suerte. Nuestra suerte.

Santiago no necesita pena ni negación. Necesita amor, risas, gente que abone a esa inteligencia agresiva que le sale por los poros. Inteligencia que demuestra en cada evaluación, en cada interacción con sus terapistas y en cada intento de manipulación.

No necesita miradas tristes, ni llanto. Necesita crecer con seguridad en sí mismo y autoestima sólida. Necesita aprender a reírse de sí mismo (algo que todos necesitamos en algún punto). Necesita que sus padres seamos persistentes con su tratamiento.

Yo necesito que la gente le deje de tener pena. Necesito que se traguen las miradas si quiero decir a los cuatro vientos que es impedido. Necesito que le pierdan el miedo a la palabra impedido. Para mi no es un estigma.

Si digo que la maternidad es difícil, no necesito que me la adornes con que los hijos son la mayor bendición. ¿Sabes qué pienso de eso? WHATEVER. No creo ni en las bendiciones ni en las maldiciones. Creo que la vida nos manda lo que podemos trabajar. Estoy segura que en ningún otro hogar, con ningunos otros padres, Santiago tendría la oportunidad de rehabilitación que tiene con nosotros.


No cambio sus momentos de terapia, pues me dan media hora para amar a mi Kindle (aunque dinero para pagarlas más cómodamente no viene mal).

No me importa, ni me interesa que sea normal. Normal es aburrido. Mi plan es que sea un niño de bien, un adulto que se dedique a convivir en paz con su prójimo, que no sea homofóbico, ni racista, ni machista.

martes, 30 de abril de 2013

El disfraz del machismo


Recuerdo que, cuando era adolescente, me molestaban muchas cosas, algo esperado en esa etapa de la vida donde estamos encontrando quienes somos. Pero, en lugar de disiparse con el tiempo, esas molestias se convirtieron en inquietudes que había que investigar. Era imperativo descubrir por qué desataban sentimientos tan intensos, tormentas de coraje y lágrimas de rabia. 

¿Por qué me molestaba que mi abuelo nos tratara como si nuestro deber fuera ser sumisas y obedecer? ¿Por qué mi abuela era sumisa? ¿Por qué se esperaba cierto comportamiento de mi? ¿Por qué mi mamá le servía la comida a mi hermano y no a mi? ¿Por qué nunca se le enseñó a cocinar? ¿Por qué tenía que esconderme para ver a mi novio? ¿Por qué ningún amigo podía visitarme a casa? 

Poco a poco descubrí que esas conductas eran el disfraz del machismo. Y que, hace varias décadas, muchas mujeres se habían rebelado contra estas convenciones. En la universidad, tomé cursos de género, aprendí mucho de mujeres que le han dedicado su vida a la equidad y conocí compañeras -- que se convirtieron en amigas -- que compartían mi sentir.

He ido construyendo mi vida apartándome de esas condiciones. Cuando quedé embarazada y supe que tendría un varón, mi primera preocupación fue como iba a criarlo fuera de esas estructuras que la sociedad tanto promulga como correctas. Y esto no solo era pensar en no comprarle juguetes sexistas o ponerle ropa rosada, era imaginar los ejemplos que vería, las conductas que tenemos sin darnos cuenta. Pensé que nuestro ejemplo sería suficiente. Pero no, el ejemplo tendrá que venir acompañado de teoría, pues no todos en su familia comparten – o entienden – lo que es la equidad de los géneros.

Esta situación se hizo más evidente en días recientes. Momentos en los que he vuelto a sentir la tormenta, una que pensé que la madurez y la capacidad de ignorar (una que no he dominado bien aún) habían aquietado. ¿El culpable? El disfraz del machismo, uno que muchos llevan pero no se dan cuenta o no entienden que lo tienen puesto. Uno que está tan incrustado en su sistema que, el solo mencionar que lo padecen, les hace creer que son atacados. Uno que defienden con uñas y dientes. 

Voy a tomar este espacio – sin ánimos de ofender -- para dar la explicación que nunca me dejarán dar.

Para quitarse el disfraz del machismo hay que ser equitativo. No aplaudir lo incorrecto, no importa que quien lo haya hecho. Lo que está mal, está mal. Simplemente, no se puede alabar en alguien cercano lo que criticarías en un lejano. No creo que eso sea difícil de entender. Al final del día, estas son mis convicciones, no tiene que ser el credo de nadie más. No pido que las adapten, solo que las entiendan.

El favorecer al hijo varón con unas conductas y no replicarlas con la hija es machismo. Se espera que la madre complazca, alague y apapache al varón no importa que. Ese no es el caso con las hembras, a esas se les exigen ciertos comportamientos, solo por su género. Eso, señoras, es machismo.

Lo que ya está torcido  y contaminado no se puede limpiar. No espero que personas que llevan  más de cinco décadas viviendo bajo la opresión del machismo cambien. Solo deseo que tengan la capacidad de entender, de escuchar  y de analizar. Solo espero que la vida me permita llevarle ese mensaje a mi hijo y que, si desea tenerlos, lo pase a los suyos. Solo criando generaciones equitativas podremos quemar el disfraz del machismo. Ese que a veces llevamos sin darnos cuenta. 

sábado, 9 de febrero de 2013

Más de los casi 30

Es obvio que un solo post no es suficiente para cubrir los cambios que se dan de una década a la otra. Aquí otra lista de cambiecillos que sufrimos (o sufro) en el umbral de los treinta:

1. Bye-bye bikini, welcome tankinis
Sí, soy una hater de aquellas que quedaron con el cuerpo intacto luego de parir. Ese no es mi caso, mi hijo pesó casi nueve libras y midió 21.5 pulgadas, así que destrozó mi abdomen por siempre. No importa cuanto ejercicio haga (que no hago y ¿qué pasó?) las estrías y la piel de viejita no se va a ir. Así que he comenzado mi colección de sexy tankinis y trajes de baño de una pieza. 


See? Sexy
Smokin' hot, bitches!


2. Gasto más en compra que en ropa
Días dorados aquellos en los cuales mi sueldo se iba en camisas y zapatos. Ahora se va en meriendas, carnes, vegetales y cosas que alimentan el cuerpo, no el clóset. Creo que el mío parece un poco de anorexia en los últimos años. 

¿Hay una camisa ahí?

3. Un Big Mac engorda! (No shit!)
Sí, no es carne de verdad, es basura, da cáncer, pero qué bueno sabe!!!!! Épocas doradas aquellas donde un Big Mac no me engordaba. Si me como una ahora, aumento tres tallas! 

Enjoy that extra weight, bitches!

4. Veo películas mierda para distraer mi mente
Creo que si hace cinco años hubiesen tenido una Fine Arts Preferred Member Card, hubiese tenido más puntos que nadie. Disfrutaba como nada de ir a ver películas de cine arte que me hicieran cuestionar el valor del mundo y ver lo mierda que es nuestro sistema. Hoy puedo ver cosas sin sentido y me siento bien! Me he convertido en parte de la masa que, actually, usa el cine para divertirse, no cuestionar. 



So, qué creen? Con o sin hijos, sus casi treinti son igual que sus veinti?




jueves, 24 de enero de 2013

Nuevo año. Nuevo nombre. Nueva década.

1983. 2013. Hagan el cálculo. No hay de otra, son 30 años. Pensando en qué hace a este cambio de década tan shocking para muchos, solo puedo llegar a una conclusión. En la mente de mi generación los veinte eran para joder, encontrarte y comenzar a formarte para llegar a la verdadera adultez: los TREINTA. Cuando llegas a este portal misterioso, no puedes evitar reflexionar sobre donde estás y donde querías estar. SCARY SHIT!

Así que, conmemorando que ya dos de mis mejores amigas cruzaron el charco, he decidido cambiar el nombre de este blog y dedicarlo a temas variados. Desde locuras que veo en la Internet, la vida diaria y la crianza de mi hijo.

Voy a comenzar el cambio de look del blog para hablar de las cosas que jamás hubiese hecho en los veinte y que hago ahora, en la víspera de mis treinta:

1. Limpio caca de un potty. Como muchos saben, estoy entrenando a mi hijo para ir al baño, así que la nueva misión de las mañanas y las tardes es limpiar el potty de caca y pipi. En los veinte, quizás estaría limpiando vómito de la tapa del baño luego de sobrevivir la borrachera del jangueo.


2. Uso faja. Mi cuerpo de los veinte no exigía recoger el resultado de un bebé o de las 10 libritas que se aumentan por década. Ahora mi inseparable amiga cuando visto traje es la faja. Sí, quisiera ser de aquellas que tienen un cuerpo que con traje ni se ponen panties, pero no. Uso faja y ¿qué paso?



3. Tengo un trabajo de oficina con responsabilidades. En los veinte quizás desaproveché la oportunidad de parecer profesional en algunas cosas. Sin embargo, la madurez luego de los 25 me ayudó a resaltar en el mundo corporativo. Kudos to me!




4. Tengo más playdates que actual dates. Parte de la maternidad es cambiar el jangueo en el pub por el jangueo en el parque o en las casas. Ahora mi novio y yo tenemos dates de cerveza en casa o partiseo en marquesinas de nuestras amistades más cercanas.




5. Uso una crema de ojos para el día y una para la noche. En mis veinte, el mismo humectante y la misma crema de ojos eran suficientes para la juventud de mi piel. Su nueva realidad de líneas en los ojos exige un tratamiento para reducirlas. Triste realidad.


6. Cuando bailo Vico C pienso en que soy como mi mamá cuando se emocionaba al escuchar Chicago. Para todos aquellos que crecimos en los noventa, Vico C era como lo más cool y nuevo ever. Welcome to reality, Saboréalo fue 20 años atrás.




7. Borrachera de noche, acidez de día. Recuerdo los días en que emborracharme se curaba con una chonqueadita y vivía feliz al próximo día. Ahora el hangover de un jangueo me dura día y medio. #foreverold